Birdman, cuando Iñárritu volvió a ser Iñárritu

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Birdman, cuando Iñárritu volvió a ser Iñárritu
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Con Birdman, Iñátirru, continúa su periplo en el cine social, desgarrador, íntimo y duro, aunque esta vez desde una perspectiva diferente, la  del drama en la búsqueda del reconocimiento por parte de un actor en horas bajas.

La polémica ruptura con Guillermo Arriaga  supuso una espada de Damócles pendiente sobre su talento. La crítica ya condenó Bitufiull, escasa del irónico humor del guionista, falta de sus exquisitas puntadas que se entrelazaban en forma de casualidad.

Dejando de lado esa exclusiva estructuración narrativa en base a una conexión entre independientes historias, que ya le llevó al éxito con su famoso tríptico (Amores perros, 21 gramos y Babel) y que abandonó en su anterior obra, el film no pierde la esencia del director: cámara inquieta, multitud de temas transcendentales poco desgranados, intimidad, tensión, desamparo, gran fotografía, trabajo excepcional de los actores, y esta vez, sí, punzadas de sarcástico humor.

El metraje por otro lado no hace más que constatar lo que ya sabíamos de Iñatirru:

Que es un meticuloso del montaje y la post-producción, con unos planos y una fotografía extremadamente cuidados, con tanta tensión como la trama interna del protagonista que nos plantea.

Que es un gran director de actores, consiguiendo un Edward Norton espléndido, una Naomi Watts totalmente en el papel y un Michael Keaton enorme protagonista, con una gran sinergia con su personaje basada en su experiencia propia. (Keaton fue el Batman de los 90s de Burton).

Las acertadas localizaciones, en estrechos pasillos del backstage llenos de dinamismo y ese mágico escenario teatral de Broadway consiguen una fórmula que construye un puente metafórico entre la ficción de lo representado, la realidad, y lo íntimo de cada personaje.

El film, finalmente, se torna una suerte de crítica al mundillo de actores, que acecha varios temas que no termina de responder, la pesada sombra del pasado, el narcisismo, la banalización y mercantilización del arte, la necesidad de reconocimiento, el precio del éxito, el ruido mediático, el peso de la fama, el sacrificio, la frivolidad social del público, la dictadura megalómana y chovinista de la crítica.

Birdman, consigue ser, un film en ocasiones extremadamente avaricioso en profundidad de sus temas, planteamiento que no siempre finalizan en la catarsis deseada, de excepcional fotografía, que mantiene al espectador atento mediante un gran trabajo de los actores.

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