Frankenstein

Película Frankenstein
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Frankenstein de Mary Shelley es una de las obras más influyentes de la historia. Hay mil cosas en sus páginas que se sintieron como una revolución en su medio: su uso de la filosofía, su violencia melancólica, su terror… pero en mi caso, lo que más me conmovió fue la descripción de la soledad. Era fría, era dura, era indeseada para todos. Lograba transmitir al lector esa penuria y rechazo del monstruo. El sentimiento de que siempre vas a estar
solo.

Desde 1910 esta obra literaria, mi favorita de todos los tiempos, ha sido adaptada a la pantalla grande una y otra vez. James Whale, Terence Fisher, Kenneth Branagh… Muchos son los nombres que se han sentado en la silla del director para dar vida a las palabras de Shelley, muchos de ellos ofreciendo versiones icónicas que se han asentado en la cultura popular tanto o incluso más que la novela original. Pero hasta ahora, ninguna ha conseguido transmitir las mismas sensaciones con las que me golpeó el libro. Ninguna hasta que Guillermo del Toro ha traído de los muertos a su proyecto de pasión.


Parte I: El Relato de Victor

Para entender a la Criatura hay que entender a su Creador. Guillermo del Toro, nacido en Guadalajara en 1964. La historia de Guillermo como creador de monstruos sucede mucho antes del cine, cuando era pequeño tuvo un sueño lúcido que cambiaría su vida para siempre. Un fauno apareció detrás de su reloj y otros monstruos diferentes se paseaban por su alfombra verde. Guillermo necesitaba ir al baño, así que les propuso un trato, si le dejaban ir al baño, él se haría su amigo para toda la vida.

Más adelante, del Toro se dedicó también al maquillaje. Una de las claves del éxito de la adaptación de James Whale fue la figura de Boris Karloff. Un maquillaje tan icónico que a día de hoy, cuando mencionas Frankenstein, el público general sigue pensando en el cabeza cuadrada de Karloff. Es el maquillaje uno de los principales elementos que
caracterizan a los monstruos en el mundo del cine. Guillermo les podía dar vida así. Pero no fue suficiente. Empezó su carrera como director de largometrajes con el tremendo filme de vampiros Cronos. Siguió avanzando y así tenemos obras como Mimic, El Laberinto del Fauno, Hellboy o mi muy amada La Forma Del Agua. En casi todas hay un nexo narrativo en común: el monstruo como ser rechazado de la sociedad. En algunos casos (véase La Forma Del Agua) es el amor lo que busca el monstruo, es el abrazo de la belleza del mundo lo que anhela, pero por su aspecto o lo que se entiende como su naturaleza, es señalado y abusado. Ese es el punto de partida de Frankenstein de Mary Shelley.

No es de extrañar que este fuera un proyecto de pasión de su director. Ha puesto toda su maestría en ella. Un guión perfecto y una dirección que deja muy marcada la huella de su autor (la puesta en escena es tremenda, todo está tremendamente organizado para que cada segundo de la película cause algo en su espectador). Lo que más me ha sorprendido han sido las diferencias con la obra original. Uno esperaría que, al hablar tan profundamente del Toro de su conexión con el libro, ésta fuera su adaptación más fiel, pero no es así, al menos no en el sentido literal. Parten del mismo punto y acaban exactamente igual, pero el camino a llegar allí es diferente, más bien alternativo, ya que pone en pantalla a la perfección la filosofía, psicología y la moralidad del texto de Shelley. Del Toro no adapta la novela: la reinterpreta. La convierte en una conversación íntima con Shelley sobre el dolor de crear y de ser creado. Logra ser totalmente impredecible pero, a la vez, me ha hecho sentir el mismo dolor que me hizo sentir la novela. La desolación total.

Película Frankenstein

Así como Victor crea a su monstruo de diferentes partes, del Toro usa sus traumas para montar su película. Convierte su trama principal en un relato de padres e hijos, de repetir o romper los ciclos de violencia impartidos de generación en generación. El mayor cambio es este y las relaciones de Victor. Esto convierte al Frankenstein de Oscar Isaac en una criatura profundamente sola, acercándolo al monstruo y rompiendo su psicología de forma inversa al libro. Todo en la película sirve a esta exacta historia que quiere contar y eso es de agradecer, pues si la idea ya de por sí es fuerte, el resto de elementos que la rodean son totalmente elevados por ella.

Y aún así, en sus complejidades, son los sentimientos del monstruo de Jacob Elordi los más sencillos de entender. Esa necesidad de formar parte de algo. Es vivir en sociedad lo que nos acaba llenando, lo que hace de nuestras interacciones algo lleno. El monstruo nunca tiene esa oportunidad y, peor aún, es obligado a vivir para siempre sin esa posibilidad de conexión, punto que sumerge a esta criatura incluso más en la penuria que la de la obra original. El monstruo es una víctima. Del Toro ha representado a sus amigos de la infancia una vez más bajo una nueva luz usando la historia que por antonomasia trata de eso.

Todas las ideas de su Creador funcionan, pero veamos que tal funciona la Creación.

Parte II: El Relato de la Criatura

Para sorpresa de nadie, el monstruo que logra construir del Toro funciona como un tiro. Son las ganas del director de realizar esta obra las que actúan como el rayo que da vida a la Criatura. Es una desgracia que sea una película de Netflix porque es tan grande y tan pensada para el cine (me siento muy afortunado de haber podido ir a verla). Todas las decisiones que toma la película son buenísimas, pero es que sus aspectos técnicos son unos de los mejores cuidados de la historia. La fotografía de Dan Laustsen es más grande que la vida, cada segundo es un plano precioso. Destaco el de la Criatura mirando al sol en el páramo helado. Pero es que no me imagino ninguno de estos planos sin la música de Alexandre Desplat, única, real y muy viva, uno de los álbumes musicales del año y uno que escucharé más de una vez antes de que acabe el año. Todos los elementos visuales y sonoros se dan de la mano para dar vida al maravilloso guión de del Toro.

En la ciencia de Frankenstein hay una dirección clara, dar vida. La dirección de arte de esta película tiene esa misma intención, pero con tres bandas. Dar vida a la obra de Shelley, al guión de del Toro y, la más importante, a la visión de del Toro. Es una película profundamente personal y esas intenciones quedan clarísimas con el tono de todo lo que ves, construyendo un universo narrativo único donde los ángeles de la guarda son reales. Incluso la escena de la visión de Victor con este mismo ángel podría considerarse un paralelismo con la propia visión de del Toro cuando era pequeño. Esto está genialmente representado con un estilo gótico pero mezclado con un steampunk propio de Arcane que
hacen interesante a cada cachivache del laboratorio de Frankenstein. Ese laboratorio en la torre, grandísima idea, con un pozo en el centro que parece indicar el punto hacia el que se dirige la cordura de nuestro querido y odiado Victor. El acierto es tal que el filme emana vida por todos lados.

Pero como mejor hablar de la vida es hablando de los actores que dan vida a los personajes. Grandísimo, como siempre, Oscar Isaac que es más que capaz de representar la complejidad del personaje tal y como se ve en pantalla. Al principio sientes pena, incluso te sientes identificado, pero poco a poco ves el narcisismo que alimenta su ambición, la locura en la que acaba cayendo y la maldad. Hemos tenido miles de interpretaciones del Doctor Frankenstein y esta me parece la más compleja. Quizá sí que tiene un punto más de maldad (aunque visto en retrospectiva, es más un punto de soledad) que en el libro, pero no llega al nivel del mad doctor de Peter Cushing. Isaac demuestra un talento natural a la hora de abordar al hombre detrás del monstruo.

Pelicula Frankenstein

Mia Goth es ya un icono del terror. Su Elizabeth, pese a ser el personaje que más cambios sufre en cuanto a su versión original, es enigmática, tiene el punto justo de misteriosa y humana. Una dualidad mortal que nos da a un personaje delicioso (en mi opinión, supera al del libro). Nunca sabes por donde va a ir y a la vez esperas que vaya por donde va. No había actriz mejor en el mundo que Goth para este papel (que también interpreta a la madre de Victor), ya solo sus facciones dan mucha personalidad al personaje. Esa mezcla entre inocencia y liderazgo, pero a la vez la profunda melancolía que ofrece. Es un personaje que vive una vida que no quiere vivir, así como la Criatura, pero que se refugia en sus elecciones de vida para olvidarse de su soledad interna. Ya en aspectos técnicos, ella está perfectamente representada. Sus vestidos siempre destacan, de hecho es el personaje que más color lleva en la película, por lo que es natural que el ojo se distraiga con ella.

El resto de actores son geniales, aunque tengan poco que hacer. Me han gustado mucho Felix Kammerer como William, Christoph Waltz como Heinrich Harlander (para lo poco que sale aporta mucha tensión en pantalla), Lars Mikkelsen como el capitán y, sobretodo, la piel de gallina que pone Charles Dance como el padre de Victor (quizá las similitudes entre una escena de Victor con su padre con una escena de Victor con la Criatura es lo más desolador
de la cinta). Aunque el que más he disfrutado de los secundarios ha sido a David Bradley como el hombre mayor ciego de la cabaña, a parte que adapta genial mi parte favorita del libro, él está muy entrañable.

He dejado a la Criatura para el final. Jacob Elordi ha acabado siendo lo que más me ha gustado de la película en general. Gran parte es por el guión. La novela convirtió al monstruo de Frankenstein en uno de mis personajes favoritos de la ficción en general, sobre todo por lo identificado que me sentí con su dolor. Todos nos hemos sentido rechazados alguna vez, muchos nos seguimos sintiendo así hoy en día y el rechazo en general es uno de nuestros mayores miedos. La sublime interpretación de Elordi que ya considero la mejor del año se basa totalmente en este aspecto. Ves asombro, ves miedo, ves inocencia, pero a la vez ves ira, ves algo roto simplemente dentro de sus ojos. El maquillaje es brutal, el mejor que ha habido para el monstruo, y que Elordi sea capaz de transmitir tantísimo bajo tantas capas de maquillaje es icónico. Es una actuación que va más allá de la pantalla y va directa al corazón del espectador. Te ves a ti mismo en la Criatura y logras comprender al monstruo más trágico de la historia del cine.

Guillermo del Toro ha vuelto a cumplir su promesa. Ha puesto toda la carne en el asador y ha liberado al mundo a su monstruo más grande. Ha hecho capaz que entendamos al monstruo más incomprendido del mundo. Y en ese paso nos ha hecho capaces de entenderle a él como artista, creador y, sobre todo, como persona.

“Creé a algo.”
“A alguien… Creaste a alguien.”

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