Peacemaker (o por qué la clave del éxito está en el corazón) Año 2021. James Gunn, director de la exitosa franquicia Guardians Of The Galaxy, estrena en cines The Suicide Squad. Tras una polémica en redes sociales promovida por los sectores más conservadores, uno de los creativos más valiosos de Marvel Studios se pasaba a la competencia, DC, para ofrecer una de sus películas mejor valoradas por la crítica, pero que la época post-pandemia y el estreno simultáneo en cines y plataformas enterraron en la taquilla mundial. En esa cinta se introdujo a Christopher Smith, el Pacificador, un desconocido personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette en los 60 (y la inspiración de Alan Moore y Dave Gibbons para su Comediante en Watchmen). La filosofía del personaje era una ironía en sí misma: “Valoro la paz por encima de todo, da igual cuántos hombres, mujeres y niños tenga que matar.” Tras trabajar en el personaje, Gunn empezó a escribir una serie de ficción de 8 episodios de forma irónica, sin saber que más tarde HBO Max le daría la luz verde y nos llevaría por dos temporadas de la mano de un errático personaje que nos revelaría la belleza de los personajes rotos.
Peacemaker empezó en 2022 como un spin-off de la ya mencionada The Suicide Squad. John Cena retomaba el papel del Pacificador junto a Steve Agee como John Economos y Jennifer Holland, la mujer de Gunn, como Emilia Harcourt, ambos personajes casi terciarios de la película del anterior año. Se añadían Danielle Brooks como Leota Adebayo, la hija de la omnipresente Amanda Waller de Viola Davis (que cuenta con algún que otro cameo a lo largo de la primera temporada), Chukwudi Iwuji como Clemson Murn y Freddie Stroma como Vigilante. Antiguos y nuevos personajes para una serie enmarcada en el género que podríamos considerar el equivalente moderno al western, la acción de superhéroes. La primera temporada tiene a Christopher siendo liberado de prisión para enfrentar, junto a un equipo que odia trabajar con él, a una invasión alienígena encubierta por unos seres en forma de mariposa. La segunda toma como punto de partida el rechazo por parte del mundo de nuestros protagonistas para contar una historia de multiversos y realidades alternativas donde todo parece ser mejor. Ambas hacen hincapié en la psicología de los personajes, las expectativas imposibles que pone la masculinidad tóxica y el horror de ser criado en una familia conservadora en los Estados Unidos, todas un reflejo del propio Gunn.
Las tramas de las dos temporadas pueden recordar a otras historias similares contadas en la última saga del Universo Marvel. La primera es una versión de la fallida miniserie con Samuel L. Jackson, Secret Invasion, y la segunda trata el tema del multiverso que llevan intentando colarnos durante casi 10 años las producciones marvelitas. Las prisas, el dinero y la falta de rumbo han llevado a una desconexión general por parte del público, el énfasis en el espectáculo por encima de la trama, los efectos visuales siendo más importantes que el desarrollo de personajes son otros ejemplos del fracaso de Marvel. Sin embargo, Peacemaker de DC Studios sabe cómo lidiar con todas estas tramas y más. En vez de mostrarte criaturas de CGI te enseña la vida y los problemas de un grupo de personas que, aunque no se lo crean ni ellos mismos, merecen vivir y abrir su corazón al amor.
Narrativamente, Gunn busca responder a la pregunta “¿Qué hace que el Pacificador sea el Pacificador?”, buscando una respuesta al alocado juramento de paz al que se aferra su protagonista. Lo hace, en parte, gracias a un John Cena que da todo, llegando incluso a tocar el piano para sacar a relucir la humanidad latente en Chris. Las misiones a las que Chris es mandado en cada temporada son una excusa para desarrollarlo constantemente. En la primera, la misión de las mariposas muestra los traumas de Chris. Tras los sucesos de The Suicide Squad, dónde fue obligado a matar al coronel Rick Flag Jr., Chris tiene dudas respecto a apretar el gatillo. En una escena en el episodio 3, donde es enviado a matar a una familia controlada por las mariposas, se queda paralizado al realizar su misión. Le han informado que, una vez la mente humana es controlada por las mariposas, su cuerpo pasa a ser una cáscara hueca. Pero aún así, no es capaz. Y a partir de aquí, te cuentan poco a poco sus orígenes, su crianza en una familia neo-nazi, el accidente que mató a su hermano y Auggie Smith, interpretado por un aterrador Robert Patrick (sí, el T-1000 de Terminator 2), el monstruoso padre que le hizo sentirse culpable para siempre de eso, además de intentar indoctrinarle en sus ideales racistas y exponerle a ejemplos de hombría inexistentes e inalcanzables.
Tras superar la misión y hacer buenos amigos, es rechazado y perseguido por sus pecados en la segunda temporada. Curiosamente, su padre tenía acceso a un portal interdimensional que lo lleva a una dimensión exactamente igual solo que su padre es una buena persona, su hermano está vivo y él es un héroe reconocido por todo el mundo. Su mayor deseo se convierte en realidad y abandona poco a poco su hogar, a todos sus amigos, para rehacer su vida en un arco argumental que vendría a ser un paralelismo del suicidio. Allí descubre que no todo lo que reluce es oro, ya que vive en unos Estados Unidos dominados por el nazismo, teniendo que enfrentar una vez más la ideología a la que ha sido sometido desde pequeño.
De la misma forma que Chris, todo el elenco es desarrollado, Emilia Harcourt lucha contra un sistema que categoriza el trabajo de su vida como algo “masculino”, además de ser tratada como inferior, lo que le hace ocultar sus sentimientos hacia Chris. John Economos intenta superar su falta de autoestima a diario, Leota Adebayo busca su camino más allá de su madre, pero le cuesta su relación con su mujer. Todos los problemas a los que se enfrentan los personajes son fácilmente identificables con el espectador, se tratan y desarrollan de forma honesta ampliando la conexión emocional de esta serie. El único personaje que queda al margen es Vigilante, ejerciendo como antítesis del viaje de Chris, un psicópata sin ningún remordimiento que incluso disfruta del asesinato. Pero por alguna razón está obsesionado con ser el mejor amigo del Pacificador, es tremendamente divertido y sus obsesiones infantiles reforzadas por un delirante Freddie Stroma en el papel, lo convierten en el favorito de muchos. No son los personajes más arquetípicos del mundo, son personas de a pie que hacen frente a situaciones fantásticas arraigadas a la propia naturaleza humana.
En la temporada uno se pueden ver atisbos de un mensaje sobre la seguridad nacional y la falta de confianza, pero es en la temporada dos donde más se aborda el asunto socioeconómico. Es mucho más directa y cuenta la historia de una realidad donde los nazis ganaron la 2a guerra mundial, donde es habitual encontrar copias de Mein Kampf en los escritorios, un gigantesco mural de Hitler en todos los despachos de una oficina y la bandera americana siendo coronada por una swastika. Y aun así, todo el mundo es feliz. Chris es feliz allí, ya que ignora totalmente todo lo que sucede en favor de la mejoría de su vida. Se pone tanto en la mente del personaje que logra que tú, como espectador, ignores la falta de secundarios de otras etnias cada vez que viajan al universo alternativo. Pero es que además, los Estados Unidos que se presentan en la serie no están tan alejados de lo que vemos hoy en día.
Elon Musk hizo un saludo fascista delante de todo el mundo tras la toma de poder del presidente Trump, quien repite constantemente en televisión lo mucho que odia a los mexicanos mientras miles de personas son deportadas por día. El racismo está cada día más presente en el país. Trump sigue financiando el genocidio palestino por parte de Israel solo para ganar más dinero. Es un país liderado por gente mezquina, inhumana. Es un país liderado por el fascismo. Y aun así sigue habiendo gente que lo ignora. Hay personas que justificaron el saludo de Musk, muchas dijeron que se dio porque Musk se emocionó y su autismo lo llevó a ese gesto, y otros dicen que era un saludo del imperio romano. Lo que no te quieren decir es que ese gesto, conocido como Sieg Heil, es el saludo de la Alemania nazi del canciller Adolf Hitler. Lo que no te quieren decir es que están votando al mismo enemigo al que tantos esfuerzos les costó ganar en la Segunda Guerra Mundial. Y esto es algo que James Gunn sabe y con lo que convive.
La segunda temporada salió después de su gran estreno de este verano Superman, donde ya reflexionaba sobre el conflicto entre Israel y Palestina a través de países ficticios. Es un guionista y director que siempre ha sabido encontrar su voz a través de sus personajes, ya sea con un mapache parlanchín en la saga Guardians Of The Galaxy o con el justiciero en guerra emocional consigo mismo que vemos en Peacemaker. Gunn nació en Misuri bajo la crianza de una familia católica y, por lo que sabemos gracias a sus redes sociales, conservadora. Dijo que su padre podía ser violento y homófobo cuando él era niño. En su obra podemos ver muchos reflejos del rechazo a la figura paterna, como es el caso de Chris con su padre Auggie, una exageración de la propia vida de Gunn. Pero aun así, logra expresar sus emociones y sus capas con los personajes que escribe. Empezó su carrera en la Troma, la productora por excelencia del cine de Serie-B, y sus primeras películas son delirios ultra-violentos y anti-sistemáticos que se podrían considerar cine independiente transgresor.
Poco a poco, el éxito lo llevó a un público más mainstream. Cambió el tono, cambió la forma, pero nunca el mensaje, la resiliencia frente a la opresión y la capacidad de cualquiera de hacer el bien, incluso de los personajes más rotos. Sus comentarios negativos respecto a Trump llevaron a sus votantes a sacar una recolección de tweets del director, una serie de bromas de mal gusto de su tiempo en la productora más anti-normativa del mundo, la Troma, lo que le llevó a su despido de Disney y Marvel y su fichaje en DC. Siempre ha sido muy polémico por parte de la derecha extrema, incluso con Superman, donde sus comentarios respecto al aspecto inmigrante del personaje (recuerdo, creado por inmigrantes), causaron furor y lo tildaron de anti-americano y woke. Con Peacemaker mezcla la parte más salvaje de su carrera con su amor por los superhéroes y se permite ser más él mismo mientras le da la misma oportunidad a Chris y sus amigos. En concreto el último episodio de la segunda temporada es una travesía de una hora por conciertos de las bandas favoritas de Gunn, conversaciones emotivas y bizarradas interdimensionales, que fue criticado por su falta de acción, pero que a mí me parece una de las piezas más importantes y fundamentales del director al devolverle totalmente a su esencia original y usar el guión como pañuelo para limpiar sus heridas internas. James Gunn responde a su pregunta sobre el Pacificador con otra: “¿Qué hace que James Gunn sea James Gunn?”. Y la respuesta a eso, es la misma de siempre, su humanidad.
Peacemaker es una de las mejores piezas audiovisuales de un género que va perdiendo el interés del público por segundo, lanzada en su época de decadencia. A pesar de eso, logra levantarse, luchar y romper toda clase de ideas preconcebidas. Logra mejorar años de ideas lanzadas al azar en una pizarra para intentar volver a conseguir la atención del público. Y lo logra gracias a lo poco capaces que son los personajes de llevar una vida decente, de ocultar sus traumas y enfrentarse a lo que la vida pide de ellos. Lo logra a través de la humanidad y el corazón y convierten una serie sobre un hombre loco que mata por la paz en una de las series más bellas que nos ha ofrecido este siglo.
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