Era una de esas noches en las que enciendes el Netflix sabiendo que no tienes nada para ver. Pasas y pasas por series y películas, buscando únicamente algo lo bastante entretenido como para acompañar la cena, pero no demasiado serio porque estás cansada y dentro de poco te irás a dormir. Nuevos estrenos, nuevos episodios, “creemos que te va a encantar”… Una cadena de avisos que, pese a estar pensados para hacerte empezar cualquier cosa, no conseguía llamar mi atención. Llegué incluso a plantearme poner aquel programa que ni siquiera me gusta, simplemente por
tener algo que ver.
Y entonces acabé en la serie de al lado. Nuevo estreno, “creemos que te va a encantar”, el tráiler empezó a reproducirse y, de repente, todo parecía apuntar a que aquella sería la mejor opción de la noche. Sin tener nada mejor en mente, le di al play a una serie llamada “La ratonera”.
Aquella noche cualquiera, con una cena corriente y el cuerpo cansado, buscando algo ligero y corto que ver antes de dormir, terminó tres episodios después. Sin darme cuenta, estaba con el corazón acelerado y los ojos completamente despiertos. Habían pasado tres horas. Esa noche fue el comienzo de una historia que me mantendría pegada al sofá y me haría sentir de nuevo el latido acelerado de mi propio corazón.
Había descubierto otra serie, como a mi me gusta categorizar, adictiva, que despierta la curiosidad insaciable y que te hace disfrutar cada segundo. Que te hacen darte cuenta que solo puedes saborearla una vez, que todo es más dulce la primera vez que la ves, cuando no tienes ni idea de qué va a pasar después. La serie empieza mostrando un personaje algo peculiar, como el espacio en el que se encuentra. Aunque, al mismo tiempo, familiar, con problemas tan comunes como la ansiedad. Viviendo una vida que ya roza lo distópico, es precisamente de esa realidad extraña
de donde nace una irrealidad todavía mayor. ¿La persona de más confianza te traiciona? ¿Te quitan todo lo que es tuyo sin poder defenderte? ¿Nadie te reconoce? Y entonces no tienes más remedio que preguntarte quién eres.
Así acompañas a Jae Moon-Jae en la búsqueda de respuestas, compartiendo la misma incertidumbre y empatizando con el miedo a lo desconocido. Sin darte cuenta, al igual que yo, acabas viendo episodio tras episodio en un suspiro, con la misma expresión de preocupación y asombro ante cada giro de la historia, cada descubrimiento sobre la vida del personaje y cada nuevo personaje que aparece a su alrededor.
Otra característica de la serie para clasificarla así es la forma en la que van contando cada vez más sobre cómo ha llegado a pasar algo así en la vida del personaje. Cada episodio te va dejando más cerca de la razón, del motivo sobre el que gira todo el argumento, pero antes de que puedas llegar a una conclusión final por ti mismo, aparece un giro de guion que te deja con la boca abierta. Te obliga a replantearte si la historia va a seguir por donde estabas
imaginando y vuelve a colocarte en ese punto de incertidumbre del principio. Te dejas llevar por la empatía hacia el protagonista, pensando tú mismo qué harías si alguien te hiciera lo mismo a ti, justificando cada uno de sus actos. Llegas a comprenderlo incluso después de aliarse con delincuentes o cometer algún que otro delito. Empiezas
a ahogarte en la propia agonía del personaje al ver que quienes deberían ayudarle no lo hacen y que no hay más remedio que pedir ayuda a tus propios enemigos.
Ves cómo cada uno va por su lado, intentando buscarse la vida y no olvidar quiénes son ellos mismos. Todo ocurre entre un ritmo ajetreado, una sensación de alerta constante, giros y tensión. Pero hay algo que la serie mantiene en duda durante todo momento: ¿él es realmente quien dice ser? ¿Es el verdadero o es el impostor? Al principio parece que solo puede existir uno de los dos, uno real y otro falso. Pero poco a poco la propia historia te hacereplantearte incluso esa idea. ¿Quién es realmente el impostor? ¿Ysi lo son los dos?
Si vivir la vida que podría haber tenido otra persona te convierte en un impostor, ¿o aceptar como propios todos los acontecimientos que has vivido te convierte en real? Mientras los personajes que lo rodean dudan constantemente de quién es el verdadero, él no tiene más remedio que enfrentarse a sus propios recuerdos, decisiones y actos para intentar descubrir quién es realmente. Al mismo tiempo que las piezas empiezan a encajar, que empiezas a plantearte realmente qué busca cada uno, si hay realmentealguien bueno y malo, la serie empieza a llegar a su fin, al estar
todas las cuestiones sobre la mesa.
La historia está llegando a su fin, apenas un par de días después ya estoy por el episodio final. De repente, mi madre que ha estado al lado viendo la misma serie, durmiendo a ratos, viéndola al otros suelta “Al final vuelve al principio, está otra vez en su casa”. Y paradójicamente siento que ha explicado la historia completa. El personaje es consciente de quién es, recuerda con claridad todos sus actos y vuelve a estar encerrado en su propia casa, en sus propias decisiones. Ahora no tiene más remedio que hacer frente a todos sus actos que ya no parecen recuerdos neblinosos y cargar con todas las consecuencias.
Sin darte cuenta, has estado viendo continuamente primeros planos de los personajes que solo has podido centrarte en qué estaba sintiendo cada uno. Y planos amplios que te permiten ver la escena completa, donde el protagonista sigue estando encerrado. Incluso la escena final en el barco me recordó a su propia casa. Vuelve a sentirse como un ratón encerrado en una ratonera. Al igual que él, yo acabo la serie preguntándome ¿quién soy? ¿quién es la mejor versión de mi?, o mejor dicho, ¿en quién me quiero convertir? Con estas preguntas en mente y todavía con cara
de asombro, he terminado la serie. Apenas queda ver pasar los créditos.
Así que solo me queda agradecer a todas las personas que han hecho posible esta serie, por hacerme disfrutar tanto de unas pocas horas en mi semana. Por hacerme latir tanto el corazón que he sentido la necesidad de compartirlo.
Siento que todavía quedan muchas preguntas y muchos temas de los que podríamos seguir hablando. Quizá ese sea también uno de los motivos por los que esta serie no es una más y no te deja indiferente. Puedes preguntarte si, cuando tenemos realmente buenas ideas, tenemos el deber de sacarlas a la luz y hacer algo grande con ellas, si eso importa más incluso, que el hecho de que sean nuestras. ¿Acaso es un delito no revelar algo brillante?¿Cuál
es realmente el delito? Estas preguntas las dejo para otro espectador, y tal vez, otro momento.
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